
Si miramos 40 años atrás (1973), es obvio que en el mundo han cambiado cosas en todos los ámbitos, mucho en el económico, pero también en lo social, lo demográfico o lo político. Los cambios están en parte asociados al progreso tecnológico y a la globalización, ambos se han acelerado, y en paralelo con la creatividad, se han convertido en impulsores clave de la economía productiva.
¿Es posible mirar hacia el futuro con un espíritu analítico-creativo?
Es fácil caer en la lírica o en la épica cuando se “futuriza”, pero se ha trabajado poco en la aplicación de estrategias de Inteligencia Colectiva. Se trata de combinar de forma coste-efectiva el conocimiento de las personas adecuadas, buscando sentido práctico, anticipación sobre los comportamientos de las empresas o sobre lo que nos permitirá hacer la tecnología y cuando. Lo importante no es la pretensión de adivinar el futuro, por otra parte “inadivinable”, sino invitar a pensar de forma sistemática y ordenada, ejercitando el diálogo, el consenso y la pro-actividad intencionada.
Hay una gran diversidad de iniciativas relacionadas con el estudio sistemático del futuro. Se “trabaja” con el futuro cercano cuando se platean escenarios económicos y modelos de negocio en la empresa, y se construyen visiones de futuro cuando se prevén estados de desarrollo de la tecnología a 10, 20 o 30 años. Entre los estudiosos del futuro hay incluso una especialidad que especula sobre los escenarios que tendrá la humanidad siglos adelante. La comunidad científica tiene mucho interés en modelar el futuro desde puntos de vista como el climático o el energético. Son temas mediáticos, y muy importantes, pero poco aplicables en el día a día de la empresa. Desde la política, con la intención de guiar las tácticas, a menudo cortoplacistas, se utilizan intensivamente herramientas pa
ra detectar estados de opinión. En el estudio de tendencias se usan técnicas que también tienen aplicación práctica en el análisis del consumo.
Otro campo en el que el estudio del futuro se ha desarrollado intensamente es el de la evolución de los mercados financieros. Aunque como se ha visto recientemente algunas predicciones a medio plazo no acaban de funcionar. Pero este sería otro tema. Los modelos matemáticos para seguir la evolución de la bolsa tienen muchos años de tradición, y recientemente una investigador ha conseguido correlacionar un análisis del comportamiento en las redes sociales, con el índice Dow Jones. Se trata de un algoritmo, que funciona para inversiones a partir de un cierto orden de magnitud.
Los estudios sobre el futuro son una disciplina emergente, que cuenta con un cierto grado de desarrollo y está ganando demanda debido a la aceleración de los cambios que se está produciendo en los últimos pocos años. Como ocurre en muchos ámbitos, la aplicación de las Tecnologías de la Información ha abierto nuevas posibilidades de trabajo.
La literatura y el cine han trabajado la vertiente lúdico-imaginativa del futuro y también se deben considerar. Estaríamos ante la sensibilidad especial de personas que expresan intuiciones de una forma que llega al púbico. 1984 de Orwell es uno de los clásicos. Aunque nuestro planteamiento no tiene intencionalidad artística, hay aspectos de la ficción y del arte, que son imprescindibles, por ejemplo a efectos comunicativos.
El futuro del intuimos entre todos
Está claro, que prever cómo evolucionarán los mercados, qué sectores nuevos aparecerán, como se comportarán los consumidores, las empresas, el trabajo, el turismo, el transporte o la salud en los próximos años, es imprescindible para la competitividad de las empresas. La intuición sobre cómo serán los cambios que se producirán en el futuro la tenemos entre todos. Esta es una idea relativamente nueva que permite desarrollar nuevos modelos de análisis con un gran potencial. Tiene cierto sentido decir que el futuro lo conocemos entre todos, ya que los escenarios del futuro, básicamente, los construimos las personas. La gracia está obviamente en ver de qué manera podemos gestionar esta intuición colectiva, y exprimirla de forma que genere significado.
Los escenarios de futuro que seamos capaces de construir colectiva y colaborativamente tienen, por sí mismos, mucho interés, pero hay que insistir en que lo que importa no es tanto el resultado obtenido, como dos cosas que tal ejercicio proporciona:
1. El aprendizaje que obtienen “personas clave”, sobre la reflexión sistemática para modelar y escenificar el futuro.
2. La hibridación de conocimientos, su cruce con método e intención, entre sectores empresariales, sensibilidades profesionales, científicos, diseñadores, etc.
El ejercicio de pensar en el futuro de forma sistemática está claro que es importante y también es evidente que está poco trabajado, y que no está siendo explotado en términos de aprovechar la inteligencia y/o la intuición colectiva.
A veces el futuro está escrito y simplemente no lo queremos leer y mucho menos discutir colectivamente. Un ejemplo bien sencillo. Si se analiza la evolución del European Innovation Scoreboard, que maneja unas 30 variables, a partir del año 2000 es fácil dibujar la curva y adivinar cómo será el índice de innovación en 2013. Si en 2007, con este dato, y unos pocos más, como por ejemplo el de la productividad, se analiza fríamente la situación española, se descubre una fortísima pérdida de competitividad que asociada a un escenario de recesión, también anunciado, permite al menos intuir que no se va por buen camino. Este es sin embargo un análisis en clave crítica, para poner un ejemplo, pero los proyectos de futuro deberían ser en clave positiva, y estar orientados a descubrir oportunidades para nuestros emprendedores.
Imagen. Another Singularity (2008), Antony Gormley Photograph: Oak Taylor-Smith
Nota.
Este texto se redactó en Octubre 2012 para invitar a reflexionar sobre la celebración del 40 aniversario del BCD.